Foto: Vanessa Escuer

La emigración del campo a la ciudad es, en muchas ocasiones, la única opción que tienen las familias tras sufrir largos periodos de sequía y monzones que arrasan con las cosechas. Muchas de ellas deciden vender lo poco que han conseguido en sus vidas y marchar a la ciudad en busca de una vida mejor.

Esto le ocurrió a la familia de Noorjahan Khan que vendió la pequeña parcela de tierra que poseían y emigró a Radabad, una ciudad industrial de Uttar Pradesh.

La vida de Noorjahan Khan se ha visto marcada por la renuncia a los derechos básicos desde niña por la falta de medios. De pequeña tuvo que abandonar el colegio para poder ayudar a su padre a mantener a sus 6 hermanos pequeños.

El cambio de vida no contribuye a una mejora en la economía y muchas de esas familias viven por debajo del umbral de la pobreza, ganando alrededor de 1 € al día en los llamados mohallas.

En esta situación a muchas niñas les resulta muy difícil recibir educación ya que sus familias opinan que se trata de una carga económica  innecesaria. Eso se debe a que se considera que las niñas serán paraya dhan o propiedad de las familias de las que formarán parte cuando se casen. Por lo tanto, no se suele dar valor a la educación de las niñas, o se considera que su costo es una inversión que terminará beneficiando a otra familia.

Tanto Noorjahan, que se vio obligada a abandonar sus estudios cuando cursaba el octavo grado, como sus hermanos y hermanas han estado participando en reuniones de movilización comunitaria en el instituto de formación profesional iLEAD.

Los cursos de capacitación laboral están financiados por una gran multinacional que en 2009 comenzó a brindar apoyo a las actividades de defensa y fomento de los derechos de los niños de un centenar de vecindarios pobres o mohallas de Moradabad. El proyecto en el que participan Noorjahan  y sus hermanos forma parte de un programa integral de UNICEF y Ayuda en Acción de asistencia a unos 65.000 niños, niñas y jóvenes, así como a unas 50.000 mujeres.

De los 100 jóvenes que estudian en cada clase, entre 60 y 70 terminan el curso y obtienen empleo como promedio. Cada candidato debe superar un examen de aptitudes para determinar si está más capacitado para desempeñarse en el sector de servicios, computación o soldadura.

«Las familias de recursos limitados dan prioridad a sus hijos varones», explica Nupur Pande, Oficial de Protección infantil de UNICEF en Uttar Pradesh. «Esas familias no tienen problema para pagar la matrícula escolar de un niño, pero si se trata de una niña tienen problemas hasta para pagar los honorarios del médico. Las niñas sufren un alto grado de discriminación«.

Noorjahan trabaja de auxiliar de oficina y se siente orgullosa de ganar 2.000 rupias (unos 44 dólares) al mes. Sin embargo, cada vez que sale de su hogar rumbo al trabajo debe soportar las burlas y provocaciones de muchos hombres del vecindario.

«Los vecinos me hacen la vida imposible cuando salgo de mi casa«, comenta Noorjahan. «Pero a pesar de que eso me duele, no tengo ninguna duda sobre quién soy, y seguiré yendo a trabajar«.

«Quiero ayudar a mi padre durante toda mi vida«, añade. «El tipo de existencia que vivo me da las fuerzas que necesito para seguir adelante«.

El dinero que gana Noorjahan ayuda a rescatar a su familia de la pobreza extrema, y a pesar del carácter protector de su padre, éste comprende los beneficios financieros y personales de la decisión de su hija.

«Siempre estoy preocupado por ella, porque es mujer«, dice. «Pero pensé que si salía de casa puede ayudar a la familia y valerse por sí misma«.

Apoyar y elevar el nivel de lucha de los adolescentes contra la pobreza, la desigualdad y la discriminación por motivos de género es el objetivo que persigue UNICEF con la publicación del informe Estado mundial de la infancia 2011.  Adolescencia: Una edad de oportunidades. A través del estudio se presenta la historia de niños y niñas de entre los 10 y 19 años que fomentan el desarrollo e incrementan el apoyo a los derechos de los niños.

Fuente: http://www.unicef.org/